Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades

No soy un robot: reflexiones desde el CEIICH acerca del libro de Juan Villoro en El Aleph

“El exceso de información dificulta el razonamiento y el exceso de reflexiones, la sabiduría. Hay que escoger. Ninguna posesión supera a la renuncia eficaz. Bien entendida, la cultura es un instrumento para ignorar con conocimiento de causa.”

La cita es del escritor y periodista Juan Villoro, sacada de su libro “No soy un robot – La lectura y la sociedad digital”, publicado por la editorial Anagrama. La obra reflexiona sobre los contrastes e influencias mutuas entre la literatura y la sociedad digital, mezclando análisis, relatos personales y anécdotas al estilo propio de Villoro.

La obra fue parte de la programación del Festival de Arte y Ciencia El Aleph, cuya edición 2025 se celebró del 9 al 18 de mayo y se dedicó al tema “redes”. En el auditorio del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), Villoro presentó el libro de su autoría el último sábado (17), mientras el día anterior, una mesa ministrada por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) invitó al público a reflexionar y hacer lecturas posibles del libro en una presentación previa en la Casa de las Humanidades. 

Impartieron la mesa titulada “Presentación previa del libro No soy un robot” los investigadores Mauricio Sánchez Menchero, Dr. en Historia de la comunicación social y director del CEIICH, y Josué Lugo Sánchez, Dr. en Ciencias Políticas y Sociales e integrante del programa de investigación Macrodatos, Inteligencia Artificial e Internet del CEIICH.

Una de las claves de la discusión levantada por Mauricio Sánchez y Josué Lugo, siguiendo las temáticas levantadas en “No soy un robot”, partieron de las indagaciones acerca del impacto de las tecnologías digitales en la experiencia humana, como el colonialismo digital, la posverdad y el nuevo lugar, en ese contexto, de cualidades tan humanas como el error, el deseo y la memoria.

¿Humanos o robots?
“Qué pasa con nuestra relación con los softwares?”, lanzó la pregunta Josué Lugo Sánchez a la audiencia, tras presentar una de las problemáticas levantadas en el libro y que son parte de las indagaciones del investigador acerca de la inteligencia artificial (IA): el uso de las herramientas generativas como instrumento de terapia psicoanalítica. “¿De qué manera formamos sujetos críticos y que efectivamente sepan cómo reaccionar a esas tecnologías hoy potenciadas por la IA? ¿Somos conscientes de los límites?”, agregó, partiendo de la cuestión, cuya respuesta ya no parece ser tan sencilla: ¿qué distingue al humano de la IA? Uno de los indicios, apunta Lugo, es que todavía “generamos síntomas, duda y escucha”.

Haciendo una lectura de esta interacción de humanos con la IA, Lugo citó a un episodio de la serie audiovisual Black Mirror, dónde sistemas de salud curaban a través de IA, a cambio de la inserción de un chip con publicidad en la memoria del paciente.

Resaltó que, a pesar de lo muy lejano que este escenario pueda parecer, hoy ya existen desde robots cuidadores en Japón (los “cobots”, robot que colaboran con humanos) a una parte considerable de jóvenes que estarían dispuestos a embarcar en una distopía similar.

“¿Cuántas personas no estarían dispuestas a que les implanten un chip para recordar cada acto que está sucediendo; por ejemplo, en una discusión de pareja, recabar y mostrarle que ‘hace tres días dijiste tal cosa’? Esa pregunta le hice a un grupo de estudiantes de licenciatura y el 70% dijo que sí, lo haría”, relató, sorprendiendo al público presente.

Como una demostración final de cómo operan esas nuevas tecnologías de IA en nuestras sociedades actuales, Lugo compartió con la audiencia un experimento realizado en Estados Unidos, donde un grupo de jóvenes entrenaron una IA. En menos de tres días, la herramienta tenía una ideología y características acordes al momento social y política del país en aquel momento: era profascista, ultraderechista, pro Hitler, antifeminista y pro Trump. “La IA no inventa el odio, lo repite, lo replica y lo potencia”, concluyó Lugo, resaltando que los artefactos tecnológicos son un mero reflejo de los humanos, algo como sostener un espejo. Cerró, así, citando a Villoro: “Más difícil que desprogramar a una IA es desprogramar a un fascista de carne y hueso.”

Lo analógico y lo digital
A partir de su lectura de “No soy un robot”, Mauricio Sánchez Menchero tejió una reflexión sobre el estado actual de la lectura, la cultura visual, la educación y los desafíos del pensamiento en la era digital.

En primer lugar, describió el estilo de Juan Villoro, el cual caracterizó como “una composición de digresiones”. Lo describe como un escritor pero también lector nostálgico frente a un mundo revolucionado por las tecnologías digitales, y, a la vez, de una inteligencia humana notable al abordar los cambios y beneficios traídos por las mismas, a través de sus propias experiencias. Así como Villoro, Menchero compartió sus inquietudes acerca del cambio abrupto en la cultura visual y textual y en la percepción de valor en la espera, la busca y el encuentro. 

En ese sentido, Menchero compartió la anécdota contada por Villoro, cuando, de joven, se puso a buscar en todas las librerías de la Ciudad de México la tercera parte -y menos conocida- de Los Tres Mosqueteros, “El vizconde de Bragelone”.

“En tiempos, como expresa Villoro, en que había más librerías que taquerías, se puso a buscar y no daba con el paradero de esa tercera parte de los Tres Mosqueteros”, contó Menchero. “Finalmente, el joven Villoro da con un ejemplar de la obra de Dumas en el pasaje, dónde creen, del metro Zócalo-Pino Suárez. Este recuerdo le hace exclamar al ensayista: ‘Esta dificultad de acceso me hizo pensar que los libros son hallazgos por méritos morales. El esfuerzo invertido en la búsqueda provoca que el hallazgo se perciba como una justificada recompensa. En cambio, la inmediatez de las descargas electrónicas restan importancia a la búsqueda’”, citó el director del CEIICH.

El desarrollo exponencial de las tecnologías ha provocado cambios sociales profundos, marcado particularmente en los choques intergeneracionales, tema que Mauricio Sánchez Menchero trajo en distintos aspectos en su intervención. Como ejemplo, compartió una experiencia que vivió como docente de estudios visuales al reproducir una película muda a sus estudiantes, y que coincide con una anécdota contada por Villoro en su obra.

“‘Ciertamente, la mirada juvenil se desconcierta ante la lentitud de las secuencias’, nos dice Villoro. Por eso, quedó todavía más sorprendido al ver ‘que no dejaban de mandar mensajes de texto mientras veían la película’. Una experiencia similar he experimentado cuando, en las clases de Historia, veo en compañía de mis alumnos alguna película muda de género cómico. Todo resulta una paradoja que deja al profesor muerto de risa por enésima vez, mientras los alumnos y alumnas permanecen serios y distraídos viendo sus celulares”, contó.

En ese sentido, destacó algo que hace eco con la obra de Villoro: el reto que las tecnologías como la representan hoy en el campo de la educación, especialmente en las escuelas y universidades. “Estamos en las primicias de una nueva etapa cultural en donde los seres humanos, desde edades muy tempranas, están en constante interacción con soportes digitales”, resaltó.

Por fin, Menchero clasificó a “No soy un robot” como una obra “muy generosa por los temas que abre y reflexiona en torno a las nuevas tecnologías y sus interacciones con los seres humanos”. Concluyó su análisis de la obra retomando a Pablo González Casanova, fundador del CEIICH, respecto de la tercera revolución científica:

“Frente a esa revolución, Casanova habla de ‘llevar a un primer plano la investigación y la tecnología hablando con seriedad para no usar la revolución de la comunicación y la informática para lo contrario: una desinformación e incomunicación que ponga el tabú de pensar y hablar de los efectos perversos del subsistema dominante y globalizador’”, citó, completando con una observación final: “Es justo una voz crítica como la de Juan Villoro, en conjunto con la de especialistas académicos y del alumnado, la que necesitamos leer y conocer para aprender a aprender nuevos conocimientos y a crear nuevas realidades”.

 

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